martes, 17 de abril de 2018

Entrega

Alguna vez lo dije, hubo un tiempo en que el culo de un hombre para mí no era más que un atractivo punto de atención. Con los años, (y con la asistencia de quienes me hicieron apreciar todo de manera distinta), esta zona se convirtió, como corolario de mi plenitud sexual, en un centro de placer absoluto. Desde donde parte quizás toda entrega de un hombre hacia otro.
Es curioso, pero el culo masculino es el único sector que -si fuera el caso- siendo lampiño ejerce sobre mí efectos maravillosos. Pueden imaginarse entonces lo que me causa cuando está letalmente tapizado de pelos. Sí, como dije también alguna vez: la perfección sobre este mundo, definitivamente, existe.









































































2 comentarios:

Fabrice dijo...

Ya la forma redondeada, dos meloncitos, atrae la mano a acariciarlos. Y si recubiertos de vello suave como la pelusilla de duraznos o de pelos que parecen descargar electricidad, son irresistibles. No por nada algunos los llaman la puerta del Paraiso.
Fabrice

Franco dijo...

Quién iba a decir que al paraíso se entrara por la puerta trasera... y sí, es lógico, pues no todos encuentran la entrada correcta.