Admiración
Me cuesta poco trabajo imaginar mis dedos sobre esa espesa alfombra. No me cuesta tener una idea de lo que sería recorrer los pectorales velludos abriéndome paso y separando matas y remolinos. No me es difícil pensar en el calor que emana tu piel o la caricia inexplicable del suave roce de tus pezones. En mi mente me dejo rodear por la textura embriagadora de tu peludo pecho. Y antes de seguir y asombrarme con tu posible desnudez completa y avasallante, ya me doy por rendido, sucumbo, loco de placer, sólo por el hecho de mirarte, esperando que me revivas y me ames.