Antes de los 60s., la ley en EE.UU prohibía los desnudos frontales, por lo que las publicaciones se poblaron de pequeños lienzos que cubrían escasamente los genitales masculinos y que, al contrario de lo que se quería censurar, exacerbaba al máximo la creciente imaginación de sus usuarios. Fue la inquietante época de los taparrabos mínimos.