Nos capta el interés desde pequeños cuando, seguramente, mirábamos a papá frente al espejo del baño repetir una y otra vez el cotidiano ritual, confiado él de que con nuestra atenta observación estábamos aprendiendo esa lección de hombres. La misma lección que, cuando apenas despuntaba la primera pelusa en nuestro rostro, intentábamos poner en práctica. ¿Qué es eso que nos atrae tanto cuando un hombre se afeita?