domingo, 18 de noviembre de 2018

viernes, 16 de noviembre de 2018

When Franco Met Don Pepe

El post de hoy va exclusivamente dedicado a mi amigo Don Pepe, que es también -como todos saben- uno de los más antiguos seguidores de este blog, y más aún: de los trasnochados relatos eróticos que emergían de mi calenturienta pluma virtual, allá por el comienzo de este siglo. Junto con Manu, ambos podrían verdaderamente disputarse el título de Decano de VH. Sí, podría analizar e investigar los antecedentes de cada uno para definir a quién darle el título, pero más excitante encuentro que ellos mismos entablaran un duelo mexicano, no a muerte, sino a vida, en amorosa lucha cuerpo a cuerpo para obtener el decanato. (lo imagino y ya fluyen dentro mío oleadas de feromonas)
Pero no nos vayamos de tema. La razón de este post es la felicidad. ¿Cómo no sentirme feliz de haber ido conociendo personalmente a cada uno de los amigos de Café VH?. La lista de aquellos a los que pude darles un abrazo en persona, ya es notable, teniendo en cuenta que parecía impensable que viviendo en ciudades y continentes tan lejanos, un encuentro tête à tête con los amigos con los que diariamente nos encontrábamos en el Café podía ser posible.
Pero los astros vellohomescos, tarde o temprano, nos son favorables en su particular alineación, y después de tantas charlas virtuales donde fuimos conociendo uno del otro los rasgos que nos hacen semejantes (y distintos), finalmente se produce ese otro conocimiento tan especial que empieza en el abrazo real, tantas veces imaginado a través de las palabras.
Dos semanas atrás, y después de un minucioso preparativo donde los horarios fueron organizándose, Don Pepe llegaba a Buenos Aires y ese abrazo real se producía.
Los primeros gestos algo formales fueron dando paso a una soltura más confiada. Es extraño, conectar tantas charlas en las que hablamos de todo -y de lo más íntimo- con las primeras palabras que se dicen frente a frente, es como empezar de nuevo todo, como cuando balbuceas las primeras frases tímidas en el primer momento de habernos presentado. Mente y alma van haciendo ese delicioso reconocimiento como si se activaran escaneos precisos de la forma de moverse, mirar, y sobre todo, de hablar. El timbre y color de la voz, la cadencia de su discurso, la intensidad de sus tonos, la forma en que se marcan los acentos de las frases, todo eso aparece por primera vez a pesar de que mucho ya había sido imaginado. Sin embargo siempre hay algo nuevo que emociona conocer. La persona que intuía, su personalidad, su interior, se dejó descubrir en cada conversación. Y esta vez, el café, el malbec, y las medialunas fueron de verdad.
Fueron momentos llenos de sonrisas. Y ambos tuvimos la sensación de que nos conocíamos de toda la vida.
Descubrí en Pepe (el Don desaparece siempre que hablamos más directamente), a un increíble cultor de nuestro blog. Conoce detalle preciso de toda su trayectoria y me encantó compartir con él recuerdos inolvidables que este sitio nos dio a tantos amigos en común. La "era" del Café Vellohomo, realmente fue una gloria para todos los que asistimos a sus tertulias en aquel tiempo. Una época dorada que pasó, como todo ciclo que se cumple al dejar paso a otros ciclos, llena de reuniones tan divertidas como interesantes, habitadas de respeto e interés por todo lo que aquí se decía, y que nos dejó amistades valiosas. Fuimos reviviendo cosas hermosas, y yo respondiendo a cada interrogatorio en cada mesa compartida y en las caminatas a través del imposible tránsito y calles cortadas del centro porteño.
La síntesis es lo dicho: felicidad. Y feliz de afianzar los dos, una amistad que seguirá allí, esperando el próximo abrazo, de este o del otro lado del Ecuador.
Mientras, querido Don Pepe, sonriamos junto a los protagonistas de esta galería, inspirada en nuestro hermoso encuentro, y dejemos fluir felicidad al compartirla con todos los que interpretan estas cosas de la vida como verdaderos regalos imposibles de valorar. Hasta la próxima. Hasta ahora.