Mientras dormía, atesorando tu imagen, soñé la dicha, un espejismo ardiente: Tus ojos eran más dulces, tu voz pura y sonora, brillabas como un cielo en la claridad de la aurora. Tú me llamabas y yo dejaba la tierra para escapar contigo hacia la luz; los cielos para nosotros entreabrieron sus nubes, esplendores desconocidos, divinos claroscuros… ¡Ay! ¡Ay! ¡Triste despertar de los sueños! Te llamo, oh noche, devuélveme tus engaños, ¡regresa, regresa radiante, regresa, oh noche misteriosa! ("Después de un sueño" poema de Romain Bussine sobre transcripción de un romance toscano anónimo)
No hay duda que hay un factor de homoerotismo en el rugby. Ya por su origen en el colegio inglés de Rugby (colegios-universidades con tradición homo-erótica), deporte de contacto por excelencia, que se ve con las imagenes de culos de rugbiers de esta colección y la implicita admisión de los calendarios famosos "Dieux du stade".
ResponderEliminarFabrice
Es verdad, Fabrice.
ResponderEliminarPero no sólo en el Rugby, asimismo si vamos a nuestro deporte nacional por excelencia, y no hablo del Pato que aunque lo sea oficialmente no cumple con semejante categoría en la práctica, sino del fútbol: allí el momento cúlmine llega en medio de un éxtasis que paraliza a todo el país cuando un equipo logra penetrar la retaguardia de su contricante. Gol!