En una época donde el parámetro general es la acción de depositar las causas del problema en el otro y echarle la culpa de todos los males al prójimo saliendo airoso de cualquier responsabilidad personal que pueda tenerse en cada caso, es bueno volver a mirarse en el espejo. Y el final del año es tiempo propicio para hacerlo. Verse, observarse y examinar balances de lo actuado en estos doce meses pasados. Aunque más no sea para volver a reconocerse.