Ayer, día frío y gris en Buenos Aires, entro a un café y pido un capuchino con una medialuna. Me quedo absorto revisando mi whatsapp, vista sobre la pantalla, atento a los mensajes..., cuando de pronto llega mi pedido y veo un brazo desnudo y completamente velludo que se estira a pocos centímetros de mi cara para apoyar la taza humeante. El móvil por poco no cae al piso. Abriendo los ojos desmesuradamente devoro con mi vista el escándalo de pelos negros que comienza en los dedos hasta perderse bajo la manga. Subo, dejándome llevar por esa visión para encontrarme con una sonrisa franca y simpática enmarcada en una hermosa barba. El camarero me saluda y me dice "que lo disfrutes". Lo que él no sospecha es que, en realidad, yo ya lo estaba disfrutando enormemente. Lo sigo con la mirada hasta perderlo detrás del mostrador y me digo: mañana tengo que dedicarle un post en VH. No, no pude sacarle una foto, me hubiera dado un poco de vergüenza, pero sí, les regalo esta galería de bra...
Hola Franquito,
ResponderEliminarVariada galería la de esta entrada. Me gustan muchas, pero comento la del señor que cae soltando una rosa. Me fascina. Lo tiene todo: encuadre, cuerpo velludo y armonioso del modelo, movimiento, fuerza, fondo, y finalmente belleza y un toque de fragilidad en la flor suspendida en el aire.
Besos.
Hola Pepito,
ResponderEliminarSí, la foto es hermosa. Y sugerente, porque uno se pregunta por qué ese señor está cayendo (tan elegantemente, además), y sin perder un ápice de su virilidad. ¿La rosa estaría envenenada, cual presente operístico, que al inhalarla, el destinatario pierde la vida?
Es difícil encontrar fotos con rosas que no caigan en lo kitch, como casi lo hace la foto que le sigue. Por qué será, siendo la rosa una de las más bellas flores existentes?