Mientras dormía, atesorando tu imagen, soñé la dicha, un espejismo ardiente: Tus ojos eran más dulces, tu voz pura y sonora, brillabas como un cielo en la claridad de la aurora. Tú me llamabas y yo dejaba la tierra para escapar contigo hacia la luz; los cielos para nosotros entreabrieron sus nubes, esplendores desconocidos, divinos claroscuros… ¡Ay! ¡Ay! ¡Triste despertar de los sueños! Te llamo, oh noche, devuélveme tus engaños, ¡regresa, regresa radiante, regresa, oh noche misteriosa! ("Después de un sueño" poema de Romain Bussine sobre transcripción de un romance toscano anónimo)
Hola!!!que buen post!! fotos como la 1, la 6, y otras similares, en que la fronda asoma por encima de la prenda!! como ayudan los anteojos oscuros, en la playa, para disimular nuestras miradas cuando se presentan estos casos!!! y si el sujeto es alguien ubicado cerca, no de paso, ja!!! como lo seguimos con la vista esperando que la malla baje un cm más!!! .... que razón tiene el que dijo que ejerce mas fuerza un vello púbico que un cable de un puente colgante!!!!
ResponderEliminarSí, la verdad que las fotos 1 (de veracidad dudosa) y la 6, son un DERROCHE de testosterona, literalmente hablando, bien a lo bruto, a lo macho, diría yo. Me encantan ese tipo de imágenes, cuando la prenda (la que sea), no da abasto para contener tanta hombría que se desparrama en todas direcciones. Ah!
ResponderEliminarAsí que "el viejo truco de los anteojos oscuros". Yo de jovencito usaba siempre unos espejados, de esos que es imposible ver para donde apuntan los ojos. Mientras la cabeza sigue incólume hacia adelante, las pupilas, torcidas al máximo, van hacia el objeto de nuestro deseo, hacia otra dirección. Qué habilidades que se desarrollaban, no?
Ahora ya me importa todo un bledo, y miro todo mucho más descaradamente que antes, porque, eso sí, si es por mirón, con los años me he perfeccionado.
Bueno. Los días todavía están cálidos (¿cómo está a orillas del Paraná?) así que podemos usar estos trajecitos tan bonitos.