Mientras dormía, atesorando tu imagen, soñé la dicha, un espejismo ardiente: Tus ojos eran más dulces, tu voz pura y sonora, brillabas como un cielo en la claridad de la aurora. Tú me llamabas y yo dejaba la tierra para escapar contigo hacia la luz; los cielos para nosotros entreabrieron sus nubes, esplendores desconocidos, divinos claroscuros… ¡Ay! ¡Ay! ¡Triste despertar de los sueños! Te llamo, oh noche, devuélveme tus engaños, ¡regresa, regresa radiante, regresa, oh noche misteriosa! ("Después de un sueño" poema de Romain Bussine sobre transcripción de un romance toscano anónimo)
Nos fijamos en caracteristicas del pene, si es gordo, largo, pequeño, grande, recto, ladeado o curvo. Pero pasamos de largo su calidad "mágica", que hizo que sea reverenciado y adorado en todas las civilizaciones. A parte de ser "dador de vida" es uno de nuestros órganos muchas veces independientes de nuestra voluntad. Crece cuando queremos y él quiere; otras si él no quiere se queda flojito desesperandonos. O se levanta majestuoso si se le antoja poniendonos en situación avergonzante.Es un buen compañero, excelente, pero a veces imprevisible. E IMPRESCINDIBLE.
ResponderEliminarFabrice
Fabrice,
ResponderEliminartu comentario me hizo pensar, porque, ah!, tantas veces ha pasado lo que decís!. Es muy lógico (y frecuente), pensar en nuestro pene como si fuera otra persona, porque OMG!, vaya si parece eso todo el tiempo!, y, además, esa "persona", siempre es un amigo. Es muy raro escuchar a alguien hablar de su pene como si fuera un enemigo. Y como todo amigo, es alguien que al principio de la relación no coincide con los gustos, ni con el ánimo, ni con los tiempos de uno. Hay temporadas de simbiosis total tanto como de alejamiento y peleas. Nada más exacto que eso en la época cuando los dos (uno y su pene), son adolescentes. Sin embargo, esa es la época donde ambos comprueban lo que comentás, que uno no puede vivir sin el otro, y que ese compañerismo es imprescindible.
En fin. Después de un "compañerismo" de 54 años, de TANTAS cosas vividas juntos, tantas aventuras, enamoramientos, desilusiones, fantasías, realidades, llantos y risas (el pene también llora y ríe, claro), parece ser que ahora él y yo nos hemos fundido en una sola persona. No puedo hablar de "él" como alguien ajeno a mí, creo que él soy yo. Y no sé lo que dirá él, digo, si le preguntan tal vez les conteste. Pero no creo.