Mientras dormía, atesorando tu imagen, soñé la dicha, un espejismo ardiente: Tus ojos eran más dulces, tu voz pura y sonora, brillabas como un cielo en la claridad de la aurora. Tú me llamabas y yo dejaba la tierra para escapar contigo hacia la luz; los cielos para nosotros entreabrieron sus nubes, esplendores desconocidos, divinos claroscuros… ¡Ay! ¡Ay! ¡Triste despertar de los sueños! Te llamo, oh noche, devuélveme tus engaños, ¡regresa, regresa radiante, regresa, oh noche misteriosa! ("Después de un sueño" poema de Romain Bussine sobre transcripción de un romance toscano anónimo)
Salut Franco, j'adore quand les naïades et les sirènes sont masculines, merci pour ce régal des yeux, bonne journée, gros bisous très très coquins, Philippe
ResponderEliminarEl agua acaricia, masajea, limpia, purifica y "bonus" adicional realza los vellos.
ResponderEliminarNo hay más que ver los cuerpos de los grandes nadadores para comprobar la elegancia que les aportó el agua para el modelado de sus cuerpos apolineos.
Fabrice
Philippe!
ResponderEliminarMoi aussi! Il est naturel que nous vénérions les naïades et les sirènes quand ils sont des hommes. Surtout quand ils sont poilus!
Fabrice,
Es verdad. Pero es una pena que en general los grandes nadadores, con esos cuerpotes soñados, se rasuren sus vellos para ejercer su deporte... lo hermoso que sería verlos con esos speedos mínimos que apenas puedan contener sus pelos púbicos... AH!