Mientras dormía, atesorando tu imagen, soñé la dicha, un espejismo ardiente: Tus ojos eran más dulces, tu voz pura y sonora, brillabas como un cielo en la claridad de la aurora. Tú me llamabas y yo dejaba la tierra para escapar contigo hacia la luz; los cielos para nosotros entreabrieron sus nubes, esplendores desconocidos, divinos claroscuros… ¡Ay! ¡Ay! ¡Triste despertar de los sueños! Te llamo, oh noche, devuélveme tus engaños, ¡regresa, regresa radiante, regresa, oh noche misteriosa! ("Después de un sueño" poema de Romain Bussine sobre transcripción de un romance toscano anónimo)
Esos culitos al aire, en contraste con la virilidad de frente que aún en reposo tiene un aire casi combativo, parecen tan vulnerables, tiernos, que impulsan a acariciarlos.
ResponderEliminarFabrice
¡Ohhh!, 54 sorpresas. Personalmente sí prefiero los vellohomos con los "pantalones bién puestos", porque precisamente me brindan la oportunidad de quitárselos. Jajaja. Algo que se sugiere, porque no es explicito, siempre desemboca en una gran curiosidad. Aquí me encontré 3 regalos a medio desenvolver: el # 7, el # 22 y el # 41. Descubrir lo que hay debajo de sus camisas, imaginar sus manos y sus pies, pensar y repensar sobre lo que ocultan discretamente detrás de sus piernas, es simplemente provocador y placentero.
ResponderEliminarGracias Franco. Saludos.