Mientras dormía, atesorando tu imagen, soñé la dicha, un espejismo ardiente: Tus ojos eran más dulces, tu voz pura y sonora, brillabas como un cielo en la claridad de la aurora. Tú me llamabas y yo dejaba la tierra para escapar contigo hacia la luz; los cielos para nosotros entreabrieron sus nubes, esplendores desconocidos, divinos claroscuros… ¡Ay! ¡Ay! ¡Triste despertar de los sueños! Te llamo, oh noche, devuélveme tus engaños, ¡regresa, regresa radiante, regresa, oh noche misteriosa! ("Después de un sueño" poema de Romain Bussine sobre transcripción de un romance toscano anónimo)
La diferencia que hace un peinado. Con el flequillo parece el "muchacho de al lado" (the boy next door). Sin él es todavía más apetecible, adquiere algo de "letalidad". Hay otro Parker, Al, que tiene lo suyo.
ResponderEliminarFabrice
Fabrice,
ResponderEliminarY debo agregar que es muuuuucho más interesante con barba que sin.
Sí, ese flequillito no lo favorece, pero bueno, podemos peinarlo con un poco de gomina y listo (mmm, me encantó lo de la gomina). A veces ha aparecido bastante afeitado y ¡oh!, la magia desaparece, pues no resiste la rasurada como podría resistir un John Pruitt, por ejemplo. O el mismo ejemplo que das, de Al Parker, un bellísimo hombre nunca velludo que, sin embargo, adornó muchas veces los Domingos Vintage de esta casa.
Ah, por cierto, la portada de hoy también está decorada con una especial descarga de Joe...!
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