Ayer, día frío y gris en Buenos Aires, entro a un café y pido un capuchino con una medialuna. Me quedo absorto revisando mi whatsapp, vista sobre la pantalla, atento a los mensajes..., cuando de pronto llega mi pedido y veo un brazo desnudo y completamente velludo que se estira a pocos centímetros de mi cara para apoyar la taza humeante. El móvil por poco no cae al piso. Abriendo los ojos desmesuradamente devoro con mi vista el escándalo de pelos negros que comienza en los dedos hasta perderse bajo la manga. Subo, dejándome llevar por esa visión para encontrarme con una sonrisa franca y simpática enmarcada en una hermosa barba. El camarero me saluda y me dice "que lo disfrutes". Lo que él no sospecha es que, en realidad, yo ya lo estaba disfrutando enormemente. Lo sigo con la mirada hasta perderlo detrás del mostrador y me digo: mañana tengo que dedicarle un post en VH. No, no pude sacarle una foto, me hubiera dado un poco de vergüenza, pero sí, les regalo esta galería de bra...
La diferencia que hace un peinado. Con el flequillo parece el "muchacho de al lado" (the boy next door). Sin él es todavía más apetecible, adquiere algo de "letalidad". Hay otro Parker, Al, que tiene lo suyo.
ResponderEliminarFabrice
Fabrice,
ResponderEliminarY debo agregar que es muuuuucho más interesante con barba que sin.
Sí, ese flequillito no lo favorece, pero bueno, podemos peinarlo con un poco de gomina y listo (mmm, me encantó lo de la gomina). A veces ha aparecido bastante afeitado y ¡oh!, la magia desaparece, pues no resiste la rasurada como podría resistir un John Pruitt, por ejemplo. O el mismo ejemplo que das, de Al Parker, un bellísimo hombre nunca velludo que, sin embargo, adornó muchas veces los Domingos Vintage de esta casa.
Ah, por cierto, la portada de hoy también está decorada con una especial descarga de Joe...!
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