Miscelánea gráfica #138
Está refrescando en lo más sur del hemisferio sur, así que pongamos unos leños más al fuego y acompañame para que recorramos juntos esta nueva Miscelánea con clima invernal. Comencemos...! «Las Termas de Pozzuoli», c. 1570-1572, de Girolamo Macchietti (1535-1592) Yorkshire, Inglaterra, 1965 - Fotografía de John Bulmer (1938) "Orfeo intenta sostener a Euridice" - François Gérard. c.1791. Alfred Hitchcock (1899 - 1980) Baptiste by Steve Marais David Manners en "El derecho a amar" (1930) Francesco Caliendo. George Platt Lynes: Carlos McClendon, 1947. Ivan Urgin by Vincent Jacques Flouret, 2025 J.C. Leyendecker: "Man on a Suitcase", 1912 Kai Makoto Keith Haring y Juan Dubose, por Andy Warhol, 1983. La princesa Grace admirando su pastel de bodas, 19 de abril de 1956. La tripulación y su gatito estudian las cartas náuticas a bordo del S.S Avance 1944. Leonard Nimoy y su pistola láser (1931 - 2015) Leonardo de Marques "Los viajes de Gulliver" De una car...

Hola Don Franco.
ResponderEliminarSu destacado de hoy, me hizo compartir la siguiente reflexión. Espero sea del interés de los tertulianos.
El misterioso oriente
Siempre me intrigaron esos grandes penes que se dibujaban los japoneses en las pinturas antiguas, principalmente rabos gordos y desproporcionados para sus cuerpos. Acostumbrado, como muchos, a los cánones de belleza griego que dejaron su huella en todo el arte occidental, la anatomía de los japoneses permanecía siempre escondida bajo los kimonos y sus rasgos orientales distaban mucho de lo que estaba uno acostumbrado.
En una ocasión, hace muchos muchos años, compartía una noche en un río del Africa era una noche festiva en una embarcación con un show local y entre los asistentes había un grupo de turistas japoneses. Dentro del show, hicieron participar a uno de ellos y entonces vi al primer oriental que me pareció atractivo, muy viril y con una sonrisa encantadora. Tenía la cámara preparada pero mi timidez y falta de audacia no me permitía la desfachatez de fotografiarlo directamente desde la posición de mi mesa. Tenía los ojos rasgados, y las facciones angulosas y una barba de tres días.
Fuera de esa ocasión, mi atracción hacia los nipones y los orientales ha sido nula, sin embargo me ha intrigado siempre como trataban la homosexualidad y lo que descubrí me dejó perplejo.
Resulta que mucho antes de la Era Meiji (mediados del siglo XIX), y en épocas tan tempranas como el siglo VI, la homosexualidad era practicada por los monjes con jovencitos que servían en los templos y que podían conducirlos a la iluminación o hosshin. Desde entonces era una práctica social aceptada pero no abierta pero eso sí, tenían vedado la práctica sexual con mujeres.
Con el adveniiento de las misiones jesuitas, y su idea del pecado cristiano, intentaron, sin mucho éxito, cambiar esta práctica.
Los guerreros samurai y aún los jefes del Shogun mantenían tales prácticas de relaciones con sus asistentes que eran seleccionados por su belleza y por criterios sexuales. Tal frenesí sexual coincidió con una de las épocas doradas de la cultura japonesa.
Sin embargo, al término de la Era Meiji, que cito arriba, la situación de la homosexualidad en Japón desapareció y todo se volvió silencio, tal parece que influenciados por el deseo de modernidad y abrir a su país a la cultura occidental, lo que presuntamente derivó en avergonzarse en que descubrieran ese pasado.
En el prólogo de Historias de amor entre Samurais, se dice que, "la mayor parte de los japoneses, con todo, aceptan pasivamente la homosexualidad con tal que los individuos implicados cumplan con sus obligaciones sociales y familiares. La presión hacia el matrimonio es muy fuerte, pero una vez cumplida esta obligación, la sexualidad personal de cada individuo se convierte en un asunto privado.Así, la homosexualidad se convierte en algo natural y espontáneo.
Cito el texto anterior, porque me parece que ello refleja, con toda una gama de matices, la situación de muchos de los que convivimos en este maravilloso Café, y esto es cumplir en primer lugar con los compromisos maritales y permitirse tener una vida privada en los placeres entre hombres. Claro que no ha sido siempre tan claro para vivirlo sin culpas desde el inicio.
No sé cuál es la situación ahora en Japón, pero el acompañante de Mishima en el viaje que hizo a Río de Janeiro, describe que nunca se sintió avergonzado de su conducta sexual.
Parece que los códigos éticos y orales de nuestra cultura jadeo cristiana, nos impiden vivir con la misma espontaneidad de los japoneses, aunque las cosas empiezan a cambiar.
Besos querido amigo.
Ps. Vi en tu megapost, el cartel de "el hombre que yo amé. Lindo recordatorio. Gracias.