Ayer, día frío y gris en Buenos Aires, entro a un café y pido un capuchino con una medialuna. Me quedo absorto revisando mi whatsapp, vista sobre la pantalla, atento a los mensajes..., cuando de pronto llega mi pedido y veo un brazo desnudo y completamente velludo que se estira a pocos centímetros de mi cara para apoyar la taza humeante. El móvil por poco no cae al piso. Abriendo los ojos desmesuradamente devoro con mi vista el escándalo de pelos negros que comienza en los dedos hasta perderse bajo la manga. Subo, dejándome llevar por esa visión para encontrarme con una sonrisa franca y simpática enmarcada en una hermosa barba. El camarero me saluda y me dice "que lo disfrutes". Lo que él no sospecha es que, en realidad, yo ya lo estaba disfrutando enormemente. Lo sigo con la mirada hasta perderlo detrás del mostrador y me digo: mañana tengo que dedicarle un post en VH. No, no pude sacarle una foto, me hubiera dado un poco de vergüenza, pero sí, les regalo esta galería de bra...
El nombre en inglés bien lo indica : senda al tesoro. Esos vellos dispuestos de modo tal que parecen mandar seguir el camino. Pero si se encuentra un bosque o una selva alrededor del "oasis-ombligo" uno puede "perderse" un poco allí en ese remanso antes de buscar el tesoro.
ResponderEliminarFabrice
Es verdad, y casi con seguridad será inevitable perderse..., hum, creo que este es el único caso en que encontrarse perdido no genera angustia alguna, sino todo lo contrario.
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