Mientras dormía, atesorando tu imagen, soñé la dicha, un espejismo ardiente: Tus ojos eran más dulces, tu voz pura y sonora, brillabas como un cielo en la claridad de la aurora. Tú me llamabas y yo dejaba la tierra para escapar contigo hacia la luz; los cielos para nosotros entreabrieron sus nubes, esplendores desconocidos, divinos claroscuros… ¡Ay! ¡Ay! ¡Triste despertar de los sueños! Te llamo, oh noche, devuélveme tus engaños, ¡regresa, regresa radiante, regresa, oh noche misteriosa! ("Después de un sueño" poema de Romain Bussine sobre transcripción de un romance toscano anónimo)
No hay erección fea. Ya sea gruesa o delgada, todas me encantan. Me podría quedar horas admirándolas y sin embargo nos lanzamos a ellas hasta agotarlas.
ResponderEliminarSalut Franco ce matin hommage à ce qui fait notre fierté bon choix belle mise en page superbes modèles bisous de Suisse Philippe
ResponderEliminarNo puede ser más explicito:
ResponderEliminarEn el instante, en que estado cerca, mi compañero, un amigo, o un extraño, veo que con facilidad levanta su verga y se le pone rígida y dura, es señal de que me desea y está preparado para demostrarmelo, y ello hace que yo empatice rápidamente.
No hace falte que os jure que viendo esta serie, mi pantalón muestre una holgada protuberancia muy saludable.
Es como un truco de magia. Donde había una cosita, que muchas veces sin tocarla, se yergue un palo, un faro trémulo, y dotado con voluntad propia. No siempre "obedece", se pone rígido sin ser solicitado o al contrario por más que se lo menee se queda quietito. Milagrito de uso propio y de servicio para los prójimos. Parafraseando la canción :" quien tiene un amor que lo cuide, que lo cuide" este amorcito hay que cuidarlo y quererlo.
ResponderEliminarFabrice
Lo de "milagrito", como dice Fabrice, me parece un adjetivo muy bien puesto. Porque ¿acaso no es un milagro de la creación que uno de nuestros bienes más preciados de nuestro cuerpo tenga esa capacidad maravillosa de transformación?
ResponderEliminarEs tan "milagroso" el proceso, que aunque nos quedemos mirando (ver para creer) cada paso de esa inquietante metamorfosis -de pequeño a grande, de flaco a gordo, de corto a largo, de liviano a pesado, de blando a duro, de dormido a despierto, de seco a mojado, de cubierto a desnudo, etc.- nos parecerá siempre increíble.
El de la fotografía número siete bien podría ser mi reflejo...
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