Mientras dormía, atesorando tu imagen, soñé la dicha, un espejismo ardiente: Tus ojos eran más dulces, tu voz pura y sonora, brillabas como un cielo en la claridad de la aurora. Tú me llamabas y yo dejaba la tierra para escapar contigo hacia la luz; los cielos para nosotros entreabrieron sus nubes, esplendores desconocidos, divinos claroscuros… ¡Ay! ¡Ay! ¡Triste despertar de los sueños! Te llamo, oh noche, devuélveme tus engaños, ¡regresa, regresa radiante, regresa, oh noche misteriosa! ("Después de un sueño" poema de Romain Bussine sobre transcripción de un romance toscano anónimo)
No por nada para definir un hombre cabal se le describe como hombre de pelo en pecho.
ResponderEliminarAnte tanto despliegue las palabras no alcanzan, queda solo el "WOW" de asombro y goce.
Fabrice
Lejos de decir algo, sólo resta admirar, fascinado, o pasar a la acción...
ResponderEliminarCiertamente, el vello de los hombres cubriendo su pecho les hace irremediablemente irredistibles. Eróticos sin medida. Gravias por todo Franco.
ResponderEliminarEl vello en los pectorales masculinos lo hacen más atractivo, hasta el punto de pasar desapercibidos otros inconvenientes.
ResponderEliminarEn consecuencia realza la sensualidad.